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13 oct. 2016

El principito

Este libro nos advierte lo que somos, nos recuerda lo que éramos, con un poco de suerte se queda en nuestra memoria para que vivamos con una cierta conciencia de que al llegar a adultos es hacernos más idiotas y despreciables y que está en nuestra mano evitarlo.


He leído El Principito en muchas ocasiones, pero está última vez, el final me ha sugerido algo que nada tiene que ver con las ocasiones anteriores. Por cierto, doy por hecho que lo has leído.

Para ser sincero, siempre me he quedado eclipsado con la parte del zorro, imagino que como la mayoría. Esta vez lo ha hecho más el final, concretamente esa serpiente que inyecta su veneno en El Principito para que, hipotéticamente, vuelva a su planeta. 

No es que me sienta especialmente pesimista en esta etapa de mi vida, yo diría que más bien al contrario, pero ocurre que soy ahora, posiblemente, más escéptico que nunca. El Principito viajó por el Universo hasta la Tierra sin necesidad de morir, ¿por qué de repente al final se deja seducir por la oferta de la serpiente? ¿No será que la serpiente simboliza el engaño? El Principito es un ser inocente, y creo firmemente (al menos en esta lectura) que la serpiente, sencillamente, le engaña. Probablemente no descubra nada a ningún lector, que ya entendieron esto antes que yo.

Por otro lado, es evidente que El Principito puede ser interpretado, si queremos creernos de alguna manera la historia y olvidar que sencillamente un escritor nos contó un cuento valioso, como un delirio, una ensoñación, de un hombre sin comida ni bebida, cercano a la muerte; pensemos que El Principito se marcha cuando el aviador está algo recuperado porque ha encontrado el agua, los delirios, las ilusiones, son como los sueños, y a veces hasta el sueño más bonito acaba de forma extraña, casi trágica. 

Creo que la mente del aviador acabó con El Principito de una forma cruel, seguramente la serpiente estaba allí, y aquel delirio sirvió al aviador para alejarse de ella. Después, para quedarse tranquilo, en su delirio que ya se extinguía, pensó que volvió a su planeta, pero en realidad el aviador tiene una parte de niño que perdura (esa parte se tradujo simbólicamente en El Principito) una parte inocente que puede ser engañada, y que remite con claridad al autoengaño. El aviador y El Principito son la misma “persona”. El segundo es la creación desesperada del primero, al borde de la muerte se reconcilia con el niño que queda dentro de sí, incomprendido, y después, lo mata. 

¿Qué puedo decir de este cuento? Ya sabemos que es precioso, y como todo buen cuento, exagerado y caricaturesco. 

Quizá esa representación del amor, ese simbolismo de la rosa si lo asociamos a la mujer, nos puede resultar un tanto trillado, pero si tratamos de que no nos atrape la visión sexista que creemos que puede existir en todo, entonces podemos entender que sencillamente el amor es algo delicado y contradictorio (no me apetece pensar, sinceramente, que el personaje de la rosa pudiera ser la representación de lo femenino, porque de ser así tendría que disertar sobre ello y mi crítica no sería tan positiva). 

La representación, en cada planeta, de los vicios, defectos y absurdos del ser humano (en su condición de adulto) son, evidentemente, una delicia, no obstante, yo no comparto la visión de El Principito acerca de El Farolero, si bien es de todos los personajes, quizá, el menos aborrecible, nunca me ha gustado la idea de que el trabajo en sí mismo dignifica, así como el compromiso con algo que realmente no tiene utilidad. 

La cuestión de El Farolero, sin duda, está muy verde para mí, y por el momento profesional de mi vida no puedo evitar verlo con ojo crítico. Todos los habitantes de cada planeta me resultan aborrecibles, pero este en concreto, que parece merecer algún respeto por El Principito, me recuerda demasiado a las personas aborregadas por imperativos estúpidos y alienantes. 

En fin, me resulta imposible limitarme a decir lo que me gusta de este libro y por qué recomiendo su lectura, me parece tan sumamente evidente...


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