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15 nov. 2014

El mito del superhombre

Nietzsche afirmaba que el socialismo y la democracia crean la base de la mediocridad; porque el estado nacional la promueve e impide el desarrollo de hombres excepcionales. Sin embargo también cree que la mediocridad es necesaria, porque es el medio para que aparezca el hombre superior.

El hombre superior no tendrá como objetivo dirigir a las masas, que son los nuevos bárbaros, sino que serán las masas las que deberán sentar las bases para que el hombre superior pueda dirigir su propia vida y hacer posible el surgimiento de más hombres superiores.

Nietzsche propone como meta el mito del superhombre porque entiende que el hombre debe ser superado. El hombre es como un puente entre el animal y el superhombre y en el medio hay un abismo en el que puede caer.

No significa que el superhombre surja por evolución sino como el propósito de su voluntad, o sea el sentido de la tierra.

El superhombre sólo será posible si los hombres excepcionales se atreven a transformar todos los antiguos valores y a crear nuevos, a partir de su propia vida como ser excepcional y con su poder fecundo.

Ese superhombre será como un César romano con el alma de Cristo o como Goethe y Napoleón en uno sólo, o como un dios epicúreo; profundamente culto, bello, poderoso pero tolerante, fuerte, libre e independiente, capaz de aceptar el Universo y la vida como es.

Zarathustra, el personaje de su famosa obra, es el profeta del superhombre y el maestro de la doctrina del eterno retorno, la más elevada forma de afirmación a la vida que haya existido jamás.

El eterno retorno no como una idea deprimente sino como prueba de aceptación a la vida.

En el eterno retorno que propone Nietzsche, tanto el hombre excepcional como el inferior volverán infinitas veces a su propio yo, a vivir la misma vida en forma idéntica en todos los aspectos, hasta en los más mínimos detalles.

Esta idea del eterno retorno la fundamenta con el principio de conservación de la energía.

Si se considera al mundo como un conjunto determinado de fuerza o energía, con un número determinado de centros de fuerza, el mundo tiene que ser el proceso de un número determinado de sucesivas combinaciones de centros en un tiempo finito, pero en un tiempo infinito se deberían dar las infinitas combinaciones posibles.

Todo lo existente se repite, pero siempre habrá combinaciones nuevas en un tiempo infinito.

La teoría del eterno retorno de Nietzsche le permite crear una imagen del ser en el flujo del devenir sin que trascienda al universo.

Nietzsche crea un nuevo concepto del más allá, con la posibilidad de vivir la vida nuevamente en forma idéntica para siempre.

La teoría del eterno retorno parece ser incompatible con el concepto de superhombre, porque lo elimina como objetivo final, en un proceso de repetición de vidas en forma infinita.

Las ideas de Nietzsche han servido para que se elaboren muchas interpretaciones, a cada uno, para llevar harina a su propio molino.

Esta multiplicidad de interpretaciones se debe a que sus obras más importantes fueron escritas como aforismos, que fuera de contexto favorecen las controversias.

Con todo, Nietzsche fue un filósofo profundo y profético que tuvo muchas ideas precursoras en el campo de la psicología, como su teoría sobre las motivaciones e ideales humanos y su concepto de sublimación.

La voluntad de poder de Nietzsche, como la clave de la psicología humana, la vemos en la teoría psicoanalítica de Alfred Adler; y a juzgar por los acontecimientos ocurridos en el siglo XX, como las guerras mundiales y la aparición de los nuevos bárbaros, no podemos negar que tuvo una clara visión profética.

Al rechazar la idea de un mundo creado por un Dios trascendente con un propósito, le brinda al hombre, como ser que crea valores y que le da sentido al mundo, la libertad de elegir su propósito en la vida.

La postura de Nietzsche no proporciona ninguna salida a la crisis del hombre moderno que ha perdido la fe, como tampoco le sirvió a él para su propia crisis existencial.

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