
La sociedad parece encandilarse a si misma con su sobrada corrección. A nadie se le dice ciego, es un invidente. Desaparecieron los divertidos locos, ahora son individuos que sufren psicopatías. Las muy antiguas prostitutas se sindicalizaron bajo la tarjeta de trabajadoras sexuales. El idioma se esconde a si mismo y aparece empaquetado con los usos de una cultura superficial que no reconoce una realidad...