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Marquesina

He aqui la construcción de una realidad soñada, sin ángulos rectos, donde las coordenadas se anulan, lo onírico es un buen escenario y el azar es protagonico...  Gracias por tu visita...
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15 ago. 2015

Precoz

Caperucita paseaba tranquila y despreocupada por las oscuras calles. El galopaba, melena al viento, a lomos de su Harley Davidson. Así son los lobos feroces del siglo XXI. Aquel hombre se detuvo a su lado y le dijo que era peligroso que una chica tan guapa como ella caminara a solas de noche por esos lugares. Buena táctica, casi tan buena como la de ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

Así fue cómo se conocieron e intercambiaron sus primeras palabras. El era negro como el ébano más puro, tan negro que de noche ni se le veía. Lucía una bonita y brillante melena, negra también, sonrisa de luna y mil y un tatuajes.

Tras unos minutos de conversación, El Lobo invitó a Caperucita a dar un paseo en moto y ella aceptó encantada de la vida. Con quien mejor que un lugareño para visitar una ciudad desconocida y conocer sus entresijos, secretos mejor guardados y tesoros más preciados. Juntos recorrieron las calles y visitaron el mercado, donde Caperucita quedó prendada de sedas de preciosos colores y lindas texturas. 

Se adentraron en un bosque de frondosa vegetación verdísima y habitado por monos que se convierten en la atracción turística del lugar. Cuidado con estos monos, que en cuanto te das cuenta, se te suben encima y te dejan en bragas.

El Lobo y Caperucita cenaron comida local en un afamado vegetariano regentado por dos españolas salerosas, y a la luz de las velas y la luna se dieron su primer beso. En la isla los restaurantes cierran relativamente pronto, por lo que la velada parecía estar llegando a su fin. 

El Lobo le propuso a Caperucita un paseo en moto por los arrozales. Preciosos, por cierto. Pero Caperucita, que de tonta no tiene un pelo, sabía lo que significaba que la llevaran a los arrozales. Que te lleven a los arrozales es como que te lleven al pajar. Así pues, declinó educadamente la propuesta del Lobo.

Pero el destino quiso que El Lobo y Caperucita volvieran a verse, y se encontraron de nuevo la noche siguiente. El Lobo le contó mil historias, cuentos de brujas buenas y brujos malos, leyendas de pasión y cuentos para soñar despierto. Le habló del don que tenía, heredado de su abuelo, un chamán hindú muy respetado y al que ahora visitan cientos de turistas en busca de una respuesta a sus destinos y de esperanza, sobre todo de esperanza.

La noche les estaba sabiendo a poco, y de nuevo cerraban los bares. El Lobo le volvió a ofrecer una vuelta en moto por los arrozales. Y esta vez Caperucita aceptó gustosa. El seguía siendo el mismo lobo, pero ella ya lo veía con otros ojos. Ni desconocido ni feroz, sino cercano y sexy, muy sexy.

Pero el cielo que era como un manto de estrellas, la flora y fauna más bonita del lugar, y esa noche bandida compensaron los veinte segundos que sin duda pasarán a la posteridad en las vidas de Caperucita y El Lobo. Para bien o para mal...

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