
Creía que íbamos a tener una vida que daría cosas a la vida a cambio de la casualidad inaudita de habernos conocido.
Nunca me acostumbraría a lo nuevo que me resultaba. Por la tarde, cuando volvía de trabajar, era nuevo, muy nuevo.
Por la mañana, cuando, cuando se iba a trabajar, era nuevo muy nuevo. Hoy no pueden atropellarme, me digo a mismo todos los días.
Incluso cuando me lo conocía de memoria y mis dedos eran expertos en cada arruga de su cuerpo, era nuevo.
Era mayor que yo, ya había vivido una vida y, sin embargo, para mi era nuevo...