
Las SS gestionaron un burdel llamado el Salón Kitty, situado en el número 11 de la Giesebrecht Strasse en Berlín. Esta casa de citas era frecuentada generalmente por diplomáticos extranjeros. Las SS conseguían información sensible mediante el espionaje (teléfonos pinchados, micrófonos, etc.) y gracias a las propias prostitutas, instruidas en el arte de obtener información clasificada de clientes que, tras un par de copas, no eran muy conscientes de lo que hacían. Sin duda, ¡femmes fatales peligrosas para los Aliados! Existe una película un poco subida de tono que narra muy bien este asunto: Salón Kitty del cineasta italiano Tinto Brass (1976).