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3 abr. 2015

¿Estamos programados para creer en un Dios?

"El culto a un líder o al Estado", es un claro ejemplo de fe. Entre menos estable política y económicamente sea un país, más probable es que la gente busque refugio en la religión. Los grupos religiosos a menudo pueden ofrecer el apoyo que los Estados no proveen a quienes se siente marginalizados.


Así que factores sociales ayudan a desarrollar y reforzar la fe religiosa, así como lo hace la manera en la que nos relacionamos con el mundo y con los demás.

Es difícil conseguir datos exactos sobre el número de creyentes hoy en día, pero algunas encuestas sugieren que hasta el 84% de la población mundial es miembro de grupos religiosos o dice que la religión es importante en su vida.

Vivimos en una época de acceso sin precedentes al conocimiento científico, que algunos consideran que no concuerda con la fe religiosa. Entonces, ¿por qué la religión es tan omnipresente y persistente?

Psicólogos, filósofos, antropólogos y hasta neurocientíficos han sugerido posibles explicaciones de nuestra predisposición natural a creer, y para el poderoso papel que la religión parece jugar en nuestras vidas emocionales y sociales.

Los humanos somos esencialmente seres sociales y por ello vivimos en grupos; como grupos sociales tendemos a la jerarquía, y la religión no es una excepción. Cuando hay un sistema jerárquico, hay un sistema de poder, y en un grupo social religioso, esa jerarquía localiza a su miembro más poderoso en la cima: la deidad - Dios. Es frente a Dios que tenemos que rendir cuentas. Hoy en día, la religión y el poder siguen conectados. Recordar a Dios nos hace más obedientes.

En todas las culturas, los dioses son esencialmente personas, hasta cuando tienen otras formas o carecen de forma física.

Nuestros cerebros cambian a lo largo de la vida, a medida que nos desarrollamos y experimentamos cosas nuevas. Virtualmente todas las partes de nuestro cerebro están involucradas en todo lo que hacemos y experimentamos, así que no sólo no existe un "punto Dios", sino que no hay un punto específico del cerebro dedicado a sólo una cosa.

A menudo se habla del cerebro como una máquina de significado. En la medida en la que estamos constantemente buscando patrones, estructuras y relaciones de causa-efecto, la religión puede proveer una variedad de estrategias para dar significado.

Las creencias religiosas le ayudan a los humanos a ordenar y encontrarle el sentido a sus vidas. Y los rituales en particular pueden "darle puntuación" a nuestras vidas, marcando los eventos más cruciales.

Aunque ni la neurociencia, ni la antropología y ni siquiera la filosofía tienen la respuesta definitiva a la pregunta "¿Existe Dios?", todas esas disciplinas dan pistas sobre cómo respondemos a nuestras más profundas necesidades humanas.

Quizás no estemos programados para creer en Dios o en un poder sobrenatural, pero somos animales sociales con la necesidad evolutiva de estar conectados con el mundo y con otros.

De pronto las religiones son sencillamente canales para posibilitar tan significativas conexiones.

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