
En el día del ataque sobre Pearl Harbor, el Servicio Secreto se dio cuenta de que no se disponía de un vehículo blindado para transportar al presidente Roosevelt al Congreso para pronunciar su famoso Discurso de la Infamia. Tras darle vueltas al asunto, un agente del Servicio Secreto recordó que el U.S Treasury (la Agencia Tributaria de EE.UU.) había confiscado la limusina blindada de Al Capone en 1931.