
La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket en inglés) es la única novela de su autor, Edgar Allan Poe, aparecida primero por entregas y posteriormente en forma de libro, en la ciudad de Nueva York, en el año 1838.
Cuando todos nos hubimos tranquilizado, nos pusimos a mirar la nave que se alejaba, hasta que se perdió de vista. El tiempo empeoraba y soplaba un ligero viento. En el preciso momento en que el buque desapareció en el horizonte, Parker se volvió hacia mí con una expresión en la cara que me dio escalofríos. Tenía un aire de seguridad y entereza que nunca le había observado. Antes de que despegara los labios, yo tenía el pálpito de lo que iba a decirme. En una palabra, insinuó que uno de nosotros debía morir con el fin de salvar a los demás.
El protagonista, Arthur Gordon Pym, se embarca clandestinamente en el barco ballenero Grampus. Tras muchas experiencias y desgracias (motines, naufragios, canibalismo, guerras con nativos) que ponen en riesgo su vida, se interna en parajes prodigiosos de los mares antárticos, hasta que sufre una sobrecogedora revelación con la que culmina la historia.
La narración de Arthur Gordon Pym es una de las obras más controvertidas, extrañas y enigmáticas de su autor, contándose entre los excelentes títulos poeanos de tema marinero, junto a Manuscrito encontrado en una botella, La caja oblonga y Un descenso al Maelström. Se trata de una novela de aventuras de tipo episódico, centrada muy directamente en el intrépido protagonista que le da título, personaje que encontraría eco posteriormente en las obras de Robert Louis Stevenson (Secuestrado, La isla del tesoro, Los hombres alegres, etc.).
En esta obra, Poe, a bordo del Grampus, se deja llevar en alas de su desenfrenada imaginación a regiones mentales y literarias que nunca antes había hollado —de ahí el absorbente interés que han mostrado por la pieza desde los escritores surrealistas hasta los psicoanalistas literarios de toda condición—. La fantástica peripecia se desborda en manos del autor, tanto que apenas da respiro al lector entre secuencia y secuencia (la acción apenas articula tiempos muertos de enlace), cosa que se ha achacado al autor como defecto estructural.