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3 jun. 2016

Anecdotas, Segunda Guerra Mundial

En Stalingrado los soldados de la 284 de Batiuk libraban una mini-guerra por los 100gr. diarios de Vodka.


Al Teniente Ivan Bezditko, "Ivan El terrible" para sus hombres, le gustaba increíblemente el Vodka, así que halló un método para conseguir un abundante suministro, cuando morían los hombres de su batallón de morteros Ivan los daba por "presentes y en activo" y se apropiaba de sus raciones diarias de Vodka. En poco tiempo el sediento oficial llegó a tener muchos litros, que guardaba cuidadosamente en su propio refugio. 

En un deposito a orillas del Volga, un oficial de intendencia, el comandante Maliguin, comprobó sus archivos e informó que la unidad de Bezditko soportaba muy bien tantas semanas de bombardeos. Abrigando sospechas, Maliguin siguió el asunto hasta el final y descubrió que en realidad la sección de morteros había sufrido graves perdidas. Llamó a Bezditko y le dijo que había descubierto su mezquino plan y que iba a informar sobre ello al Cuartel General del Frente. Luego añadió: 
-Queda suprimida su ración de Vodka. 

El oficial de intendencia había ido demasiado lejos. Bezditko vociferó: 
-Si yo no la tengo, usted tampoco. 
Maliguin colgó, dio parte del delito al Cuartel General y suprimió las raciones de licor de Ivan. 

Rabioso, Bezditko preparó las alzas de su batería de 122 mm, trazó una precisa red de coordenadas y dio la orden de disparar. Tres salvas cayeron precisamente en lo alto del deposito de Maliguin en la orilla del rió. El trastornado comandante salio tambaleándose entre el humo y los escombros. Tras él yacían rotas centenares de botellas de Vodka, y se derramaba su contenido por el suelo. Maliguin se dirigió vacilante hacia el teléfono y llamó al Cuartel General. Mientras crecía su ira, vomitó lo que sabia que él sabia que era cierto: que Ivan el terrible había sido el autor de esa andanada. 

Al otro lado de la linea la voz aparentaba paciencia, pero poca cordialidad.

-La próxima vez dele su Vodka, acaba de serle concedida la orden de la Estrella Roja. 
Maliguin regresó incrédulo, lleno de cólera a su almacén, y se quedo de pie impotente entre los charcos de licor. Al cabo de unas horas el teniente Bezditko volvio a recibir su ración de Vodka, y Maliguin ya nunca más se interfirió en los latrocinios de Ivan el Terrible. 

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